Nuestra Historia

Un poco de historia de un medicamento totalmente “inofensivo

Fue sintetizado en Alemania Occidental en 1953 y se vendía como una marca de la empresa Chemie Grünenthal (Stolberg-les-Aquisgrán) oficialmente a partir del 1° de octubre de 1957 a 1961, aunque se dispensaba bastante antes principalmente en Alemania y Gran Bretaña.

Un medicamento inofensivo: Química Grünenthal era una de las tantas pequeñas empresas que aparecieron en Alemania en 1945 o 1946, después de la Segunda Guerra Mundial. Empezó fabricando antibióticos para otras compañías, luego elaboró medicamentos que ella misma se encargaba de comercializar. En 1954, como parte de un programa de búsqueda de nuevas drogas, patentó la talidomida, una sustancia que otra compañía suiza había descartado al no encontrarle aplicaciones médicas. Heinrich Mückter, ex médico del ejército alemán durante la dictadura nazi, en Cracovia, donde estaba enclavado el siniestro Auschwitz que abarcaba tres campos centrales y más de 15 menores. El Amt II tenía casi tres kilómetros de largo y albergaba a 100.000 prisioneros, 4 crematorios con cámaras de gas adjuntas en la que cabían 2.500 prisioneros por turno.

Pero el Amt II estaba íntimamente relacionado con la industria alemana. Estaba asociado con la industria IG Farben y producía todo lo imaginable desde nuevos combustibles líquidos hasta colorantes, gasolina sintética, gas Zyklon B, productos farmacéuticos, drogas para el ejército alemán y para el propio Führer, gran consumidor. Estos últimos productos ocupaban a los mejores doctores alemanes. Investigaban en todas las áreas de la industria química. También y en su mayoría estaban en EL Amt II los “hombres-cobaya”, reducidos a la condición de animales por los sabios del Apocalipsis, Mengele, Rasche, Mussfeld, Fischer, Fykiel, etc., que probaban sobre ellos su producción. Cuando los consideraban acabados, los enviaban al Amt II, para ser gaseados.

Auschwitz-Birkenayu-Monowitz, fue liberado del 17 al 19 de enero de 1945. Los médicos de la muerte huyeron antes y luego muchos llegaron (casi todos) a las Américas, con pasaporte hasta de la Cruz Roja por redes de evasión “Odessa” o por “el camino Romano”. Se supone que el Dr. Mückter estaba entre los evadidos o los que se quedaron en casa y nadie llamara a su puerta. Otros investigadores pasaron tranquilamente a la industria alemana de la posguerra.

Impunidad tampoco muy obstruida por los soldados del general Eisenhower. Si luego IG Farben fue disuelta en el juicio de Nuremberg, lo fue más por emplear “trabajo esclavo” que por sus “inventos” y experimentos, pero la mayoría de sus investigadores y médicos con sus fórmulas de la muerte no sufrieron siquiera una revisión.

Y ahora el jefe del laboratorio de investigación de Química Grünenthal, fundada en 1946, representada hoy en más de 100 países, por sucursales, que se especializa en medicina contra el dolor, supervisó la búsqueda de las propiedades medicinales de varios nuevos productos, entre ellos la talidomida. Hay dos versiones sobre quién había cedido a Chemie Grünenthal (hoy Pharma) los ingredientes básicos de la talidomida. Unos dicen que los Laboratorios Ciba, otros que la industria farmacéutica Roche, ambos suizos, pero eso no es verdad establecida.

Varios experimentos demostraron que la droga tenía al menos una propiedad muy llamativa: su toxicidad en los animales de laboratorio era bajísima. Las ratas, conejos, gatos y perros que recibieron grandes dosis de la droga no presentaron ningún síntoma de intoxicación.

Los investigadores y las autoridades máximas de Química Grünenthal ignoraban cuáles eran las propiedades medicinales de la talidomida, si es que tenía alguna, pero estaban dispuestos a encontrarlas. Un medicamento sin efectos secundarios se convirtió de pronto en el sueño de cualquier empresa farmacéutica. Y sin embargo les había sido cedida por una gran empresa suiza.

En esa época, los tranquilizantes más efectivos eran los barbitúricos, que se vendían con gran éxito en todo el mundo y tenían un mercado multimillonario. Pero eran muy tóxicos y cada vez más gente los usaba para suicidarse. También eran frecuentes las muertes por sobredosis accidentales. La empresa que encontrara un tranquilizante poco tóxico se enriquecería de inmediato.

La talidomida no mostró propiedades tranquilizantes en ninguno de los animales de laboratorio en que la probaron. Estuvieron a punto de descartarla, pero no lo hicieron al observar que su estructura química se parecía a la de los barbitúricos. La semejanza era superficial, pero Mückter la consideró suficiente y decidió probar la talidomida en cobayas humanos. No lo hizo personalmente, sino que mandó distribuir la droga en forma gratuita entre los médicos alemanes, para que se la recomendaran a sus pacientes. Poco después, Mückter recibió las noticias que tanto esperaba. Los informes médicos describían a la talidomida como un poderosísimo sedante. Había encontrado -sin buscarlo- un remedio para el insomnio, no propiamente el tranquilizante buscado. Química Grünenthal no perdió el tiempo. Unos meses más tarde, una gran campaña publicitaria anunciaba la aparición de “Contergan” una píldora para dormir que contenía talidomida, una droga totalmente inofensiva. También se elaboraba el jarabe y supositorios con el mismo nombre.

En agosto de 1958, la empresa envió a más de 40.000 médicos alemanes una carta en la que recomendaba el “Contergan” para combatir las náuseas que la mayoría de las mujeres sufre en los primeros meses de embarazo. “No daña a la madre ni al hijo” dicen que decía la carta. Miles de mujeres en todo el mundo tuvieron un embarazo libre de molestias.

La talidomida se vendió en más de cincuenta países, con ochenta nombres comerciales, solos o mezclados con otras drogas. La recomendaban para el resfriado, la tos, el asma, el dolor de cabeza, la ansiedad y sobre todo para el insomnio, y para las mujeres embarazadas y su molesto “día siguiente”, las arcadas, vómitos, etc.

Esas dosis habían sido aplicadas una sola vez y entonces era correcto afirmar que la talidomida no producía intoxicaciones agudas. Sin embargo, no se había hecho ninguna prueba para averiguar si producía intoxicaciones crónicas. ¿Qué efectos produciría el consumo periódico y prolongado de bajas dosis de talidomida, como el que, en ese mismo momento, estaban “experimentando” miles de personas en todo el mundo? Nadie lo sabía, pero la respuesta no tardó en llegar.

Un año después del lanzamiento oficial del “Contergan”, Química Grünenthal recibió informes inquietantes. Algunos de los pacientes que consumían la talidomida en forma crónica sufrían temblores, disminución de la presión sanguínea, pérdida de memoria y reacciones alérgicas. También se describían casos de pérdida del tacto en los pies, los tobillos, las pantorrillas y las manos.

Las autoridades de la empresa o bien prefirieron ignorar o descalificaron estas advertencias personalmente. La empresa tiene hoy 5.500 empleados y se podía permitir, cuando algún médico les preguntaba si habían recibido quejas sobre efectos secundarios, la callada por respuesta.

Mientras tanto, en los hospitales alemanes nacieron bebés con focomelia, una enfermedad tan rara que la mayoría de los médicos nunca la había visto. Ahora se encontraban con varios nuevos casos por semana. Así se descubrió, de la peor manera posible, que la talidomida producía malformaciones de nacimiento.

La talidomida provocó el nacimiento de bebés sin brazos, sin piernas o sin ambos, sin manos y sin pies y una especie de aletas diminutas, los pies saliendo directamente del tronco.

También produjo ausencia de ano y deformación o ausencia de dedos, orejas u ojos, genitales y defectos en órganos internos. Unos 20.000 bebés nacieron deformes, según estadísticas extraoficiales; hemos tenido un informe de que 100.000 bebés o no llegaron a nacer o murieron a los pocos días del parto. De los que habían sobrevivido unos meses, no llegaron a los cinco años fueron la mitad. De África, casi ni noticia y ahora se están moviendo los latinoamericanos.